El día que adopté un perrito

Ya estoy de vuelta. Traigo la maleta repleta de experiencias y recuerdos, de usos y desusos. Un viaje sin retorno preñado de avidez. Bueno, ni siquiera podía imaginar lo que me esperaba en esa ciudad tan fascinante y cosmopolita como es Barcelona. Y una noche oscura me encontré visitando una mazmorra. No comulgo demasiado con experiencias BDSM, sin embargo de allí nació una extraña conexión.

 

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Él, Iván, italiano y bisexual, llevaba un vestido playero. Nada más levantarme, en señal de que iba a salir del local, él se levantó al mismo tiempo para acompañarme. Me pidió mi número de teléfono y yo le pregunté su nombre. De este intercambio surgió una profunda conversación vía whatsapp, y claro, le conté unas fantasías que jamás había compartido por ser terreno prohibido en mi círculo de amistades. El mundo gay, la otra acera que pocos desean cruzar.

Pasé cuatro días con Iván, tan intensos que me pareció haber estado semanas juntos. Yo me imaginaba en un torrente de pasión con el italiano, siendo como soy yo… pero bueno

-Podemos ir el miércoles al Berlin Dark. Es un local sólo de gays, pero ese es el único día que dejan entrar a mujeres.

-Ummm…¡quiero ir!

-Perfect…¿quieres que lleve un collar?

-Por supuesto. Llévalo.

Nada más entrar al Berlin Dark se encuentra guardarropía. Iván se desnudó y yo me quité el vestido para quedar en ropa interior. Lenceria negra, por supuesto. Antes de continuar al interior le coloqué el collar de perrito para llevarle de la cadena. Nos adentramos y vimos varios machos desnudos en la barra, sólo un par en actividades lujuriosas. Yo besaba todo el tiempo a mi ‘perrito’, me sentía poderosa y sensual exhibiendo mi relación. Además, Iván es muy afectivo y hacía que me sintiera segura y plena.

Al poco tiempo nos vimos rodeados de machos, desnudos y empalmados. Los toqué a todos, siendo que algunos también aprovecharon la circunstancia y me metieron mano, tocaron mis pechos y mis labios vaginales. Alguno me invitaba a agacharme y lamer polla, cosa que compartí con mi perrito. No me iba a separar ni un minuto de él. Se sucedieron escenas de besos y mamadas entre hombres. Por un momento me distraje y al girarme vi como estaban follandose a mi perro…ufff, su cara de satisfacción me excitó muchísimo. No podía dejar de mirar a mi alrededor, todo eran cuadros sexuales muy sugerentes. No quise estar tumbada en la hamaca colgante de látex, no quería que me follaran mirando al techo. Mi interés estaba centrado en lo que sucedía entre mi perro y yo.

Entraron dos chicas más al local, pero no fueron mi centro de atención. Yo rodeada de machos estaba feliz. Un de ellos se acercó y me dijo al oido – ‘Sois la pareja más sexy de esta noche’. Me sentía en una nube en esa nueva faceta de dominatrix, A partir de ahora los juegos de strap-on me van a parecer muy simplones y fútiles. Si bien para Iván es su particular forma de vivir la sexualidad, yo solo he tenido esta oportunidad de experimentar el rol de Ama. Ha pasado un mes desde que el italiano se despidió de mí por whatsapp, de la misma forma en que iniciamos nuestra relación de cuatro días. Que recuerdos…