La escort del siglo XXI

Ju Peng dijo en su perfil (tipo Facebook) que buscaba a “novios temporales” que fueran “bien parecidos, de menos de 30 años, altos y ricos”, que le costearan su viaje alrededor del mundo pero todo eso no será gratis, pues ella ofrece compañía y servicios sexuales. p1

La señorita Peng quiere viajar. Y para costearse el capricho ofrece sexo a cambio. Es posible que esta actividad sea mucho más aplaudida que la consabida chica de compañía con tarifario incluido. A través de su perfil en la red social ella filtrará a los candidatos por su caché, afinidad.. (y vete a saber que otros criterios) con el fin de sacar el mayor partido posible a su empresa. Puta y fina que es la chica. Y yo que me alegro.

Y es que el siglo XXI, con toda su tecnología,  puede ofrecer todo un abanico de posibilidades para contactar con cualquier persona del mundo que desee saciar su apetito sexual. Desde una simple charla de chat hasta los anuncios más hot e imaginativos de la red, servicios para todos los bolsillos. La prostitución tiene un público tan variado que es posible montártelo a tu manera. Puedes marcar las condiciones según tus intereses y tu personalidad para atraer a clientes con los que verdaderamente quieras estar. Esta libertad y autonomía hace que la actividad se convierta en un pasatiempo en vez de un trabajo!

Coincido bastante con esta visión, entendiendo que las personas tenemos derecho al placer y a disfrutar en compañía sin presiones o culpas. El sexo tiene que ser una fuente de experiencias y nadie debería decirnos qué hacer con nuestros cuerpos. Es raro que hoy día alguien manifieste que no le gusta el sexo, añadiendo que esta resulta una opción económica atractiva, no cualquiera vale para ser puta. El concepto de mujer liberada aún se encuentra muy maquillado, experimentar si pero mercantilizar ya no, no sea que vengan las feministas con sus ‘fauces’ a denunciar el abuso laboral-sexual de la mujer.

En esta línea de trabajo se sitúa la dominatrix, que adopta el rol dominante en una relación y no suele tener contacto sexual con el cliente. Detestan usar el concepto de tarifas para determinar el peculio del servicio y lo llaman ‘tributos’. La máxima expresión de este servicio tiene como leitmotiv: ‘¿Te excita la idea de rendir tus finanzas a una inteligente y atractiva mujer?’. La dominación financiera requiere de habilidades y tácticas psicológicas. Sigue siendo un servicio sexual ofrecido a cambio de dinero, porque hay que tener en cuenta que la finalidad que se persigue es la de satisfacción sexual (que no genital). En definitiva: el placer, la sumisión y el dinero se conjugan en la mente de un usuario ávido de que alguien entienda su sexualidad y preferencias.

¿Estos servicios son trabajos? bueno, podría decirse que se obtienen pingües beneficios ejerciendo estas actividades, pero como la evolución en los conceptos va más rápida que las palabras nuevas en la RAE, aún nos queda tiempo para inventarnos las nuevas definiciones. De momento nos quedamos con el manido ‘todas putas’.