Coaching, iSex y otras cosas del montón

Que el mundo ha cambiado una barbaridad es algo que la mayoría de nosotros percibe, a veces a niveles estratosféricos. Luego hay otras cosas que, enmarcadas en nuevos conceptos, nos parecen diferentes pero a efectos prácticos son sutiles actualizaciones de lo que ya existía. El marco es novedoso pero el cuadro permanece inalterable, con las mismas manchas amarillas.

Un ejemplo notable es el salto que ha experimentado la psicología y la sexología, sobre todo cuando se juntan con ‘la sociabilidad, la seducción y la autoestima’, las tres gracias del cuadro. Y así surge la figura del ‘single coach’ o el sex coach’, el experto en superación personal que te convertirá en una máquina de ligar. Vale, abriremos la mente y empezaremos a creer que hay esperanza: no es que no haya hombres acordes a nuestros gustos/expectativas, es que se esconden ante nosotras porque tenemos el motor de búsqueda algo desviado. Obstáculos como ‘el miedo a sufrir’ o ‘la repetición del mismo patrón de búsqueda’ hacen que siempre tropecemos con la misma piedra, un quiste que se hace cada año más grande. Conclusión, no tenemos ningún tipo de criterio a la hora de buscar, y por eso vamos a confiar en un experto que con manual bajo el brazo nos va a dar la pautas a seguir.

Este gurú del entrenamiento social parte de la premisa “Si quieres resultados diferentes haz algo diferente”, y el primer paso va a ser establecer el peculio, que en estos casos es bastante elevado. La media es de 10 a 20 sesiones, con una duración de 2 a 4 meses, y a 90 euros cada sesión. Un atraco al bolsillo que se paga alegremente. Según expertos, el cliente ideal del coaching sexual es “el que está bien y quiere estar mejor”, que si lo trasladamos a la calle (fffff) la mayoría no están nada bien. Segundo paso, rebajar la ansiedad y el exceso de expectativas desarrollando una personalidad más atractiva, más allá de la apariencia física. Todo esto va a depender de la edad del cliente, porque con 20 años el aspecto físico es el principal factor de atracción. A los 30, la personalidad y los proyectos de futuro son lo que hacen al otro atractivo, cosas como formar una familia o viajar al Machu Picchu. A los 40, la gran mayoría son divorciados y tienen hijos de sus ex-, por eso se aprecia más el rol de compañero, una buena conversación y un respeto por los tiempos personales…

En resumen, ligar es fácil, lo que ya nos parece un dolor de cabeza es mantenernos en el nivel de atractivo óptimo para seguir siendo un valor seguro. Luego están las últimas tecnologías (tablets y smartphones) que, a golpe de red social, nos dan la oportunidad de crear un perfil, configurar opciones de búsqueda y encontrar personas afines a tus gustos. Un amigo en Barcelona me habló de Tinder, que gracias a esta aplicación follaba cada semana con dos o tres mujeres…¡y él no es ningún George Clooney!  

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Son modas en las que siempre vamos a encontrar un roto para un descosido, y que en última instancia vamos a estar atrayendo siempre el mismo perfil en base a un ideal y a unas expectativas inalcanzables. Expones tus preferencias y vas a encontrarte con aquel del que huyes, porque sabes que en el fondo siempre, siempre te estás buscando en el otro, intentando reafirmar tu identidad.

Yo propongo el no hacer nada de nada, lanzar nuestra petición al Universo y dejar que sea Él quien nos presente las expectativas. Estoy convencida que será un acierto seguro.