Dame pan y dime tonta

 “Hay que inyectarse todos los días con fantasías para no morir de realidad”

-Ray Bradbury- 

Espero coincidir con vosotros. Con las fantasías no tenemos “límites”, la creatividad se desborda de tal manera que caemos en terrenos prohibidos donde todo es posible. Hasta ahí todo bien. Luego llega ese feminismo tan mal entendido, aquel que justifica la independencia sexual de la mujer creando manuales de uso para sus fantasías. Surgen teorías, productos y artilugios con los que lograr el mejor orgasmo de tu vida, y con solo apretar un botón!. Por otro lado está el bombardeo mediático de una película, basada en un libro muy leído, y que parece haber despertado los deseos más perversos de la fantasía femenina. Estadísticamente parece que son dos los grandes clásicos, soñar con tener sexo con dos mujeres para ellos y la sumisión masculina para ellas, los deseos sexuales más generalizados… Y, las cosas como son, no son demasiado innovadores.

 

fedre-kara-siete-palabras

 

Lo que si que he comprobado, a través de chats de sexo, es que a la mayoría de los hombres les encantaría que sus fantasías se hiciesen realidad, mientras que las mujeres prefieren que estas escenas deseadas e imaginadas se queden en su mente. Es decir, las mujeres son conscientes de que algunas de esas “películas mentales” podrían no ser del todo agradables si se diesen en la vida real ya que muchas están relacionadas con situaciones de subordinación descontroladas. Y si no podemos controlar la situación ya no hay placer, aparece el miedo y el rechazo al hombre que plantee la propuesta. Así, declararse a sí misma como no reprimida y sexualmente liberada es una falacia, pues todavía existen deseos inconscientes que una no es capaz de reconocer por sí misma. 

Numerosos estudios sobre los deseos sexuales hablan de que las fantasías sexuales de las mujeres giran en torno a la dominación o situaciones en las que ellas sean el principal objeto de deseo. Pero estos resultados se han medido en base a respuestas verbales, no a respuestas del cuerpo. Y es que las creencias, los tapujos sociales, la educación y otros valores más personales como la autoestima o la confianza en uno mismo, influyen en cómo entendemos y asumimos el concepto de excitación sexual.

Se concluye que a la hora de determinar qué situaciones e imágenes aumentan nuestros deseos sexuales, el cerebro se encuentra con algo así como el enfrentamiento entre excitación vs. inhibición. Lo que se manifiesta y lo que se reprime se conjugan en nuestro inconsciente, y los inhibidores sexuales son tan relevantes como los propios factores de excitación. Así que chicos, ya sabeis, no se debe preguntar a una mujer ¿que es lo que te excita? pues resulta que ni ella misma lo sabe. Y es que el subconsciente es muy suyo…y de la madre que lo parió.