El SexShop en la cultura del emprendimiento

“…a la mayoría de los hombres nos resulta excitante la imagen de una mujer viciosa y sexy, masturbándose con esos artilugios por cada orificio de su cuerpo…”

 

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A finales del siglo XIX y principios del XX el orgasmo femenino era considerado útil para la salud de la mujer (hablamos de salud, no de placer), por eso los médicos lo utilizaban para tratar determinadas “enfermedades femeninas” (léase histeria). Así que médicos y comadronas se afanaban, con sus simples manos como herramientas, en masajear la vagina de sus pacientes para lograr su bienestar. Pero claro, la tarea resultaba ardua y los especialistas acababan agotados con esta “terapia orgásmica” -y Woody Allen aún no había creado la máquina del orgasmatrón-. De hecho, en 1906 el médico Spencer Wallian manifestaba que el masaje manual “exige una hora de laboriosos intentos para conseguir unos resultados que serían más rápidos de otra manera”. La otra manera se refería a ese aparato que sustituía a las manos. El primer vibrador (ojo, antes se denominaban consoladores, por aquello de consolar…) vio la luz en 1869 y lo inventó un hombre.

Dicen algunos ‘expertos’ que la mujer del siglo XXI es una mujer liberada, que sabe lo que quiere y sabe lo que compra. Ejem…me da la sensación de que está afirmación, gestada por la mente masculina, es un recurso de moda para el merchandising de objetos masturbatorios. Que si, que las mujeres nos masturbamos, pero no más que antes, sino que ahora le llamamos ‘liberación’ y hacemos uso de artilugios de plástico de última generación para ser ultramodernas.

Los que me conocéis ya sabéis que nunca me he subido al carro de estas prácticas conductuales para ser la ‘más liberal’ del barrio, ni me han pagado (ni creo que lo hagan) para hablar de las maravillas de los cachivaches masturbatorios. Veo desesperazada como el uso de nuestra sexualidad se reduce a la estimulación genital, cuando no a habilidades acrobático-circenses. El mundo del porno es gran responsable de una invasión de imágenes lascivas y excitantes de la mujer en plena masturbación, imágenes aliñadas, como no, por una literatura erótica de dudosa calidad.

Con la irrupción de tal industria unida al marketing ya no hay escusa que valga para no comprar juguetes eróticos, vibradores, consoladores, lencería erotica, disfraces eroticos, juegos en pareja eróticos, preservativos, aceites y lubricantes para masajes eróticos, artículos de bondage ….todo a precios de risa (XD) para que se estropee rápidamente y tengas que volver a la tienda. La cada vez más presente obsolescencia programada, todo en un escenario social dónde se anima al ‘emprendimiento’, a la esclavitud por los placeres banales y a ser zombies perdidos para estar a la moda…

El sexo es algo más natural y simple que todo este negocio y cultura agilipollante que se ha montado en torno a él. Si buscamos ser transgresores tiremos el vibrador a la basura, de seguro que más de uno piensa que como es de plástico es inofensivo…es mucho mas que eso: un aburrimiento supino.