Club Sex Parade

Amor de alquiler con fecha de caducidad. Aunque resulte chocante, esta costumbre, o la forma en la que las damas venden su cuerpo a través de un cristal trasparente, se remonta al siglo XVII, hecho que ha dado como resultado ser considerado como un distintivo inconfundible de los Países Bajos. Cuatro siglos después, nos seguimos escandalizando. A fin de cuentas, no todos los días miramos de frente lo prohibido, la tentación carnal de la noche.

[Viajerosblog.com- Barrio rojo de Amsterdam]



Lo que para muchas mujeres resulta una fantasía, cuanto menos, para otras es como una forma de vivir el día a día. Conocer hombres en un tiempo estipulado y con una tarifa de por medio, también puede ser estimulante ¿no? Además de vestirse sexy, sensual, con mirada lasciva y sentido de servicio…todo ello acelera un aumento de adrenalina, el paroxismo sensitivo. Mi cuerpo se torna más rígido y trago saliva, tengo que presentarme y he de ser convincente.

No es una exhibición cómo la del barrio Rojo de Amsterdam, es mucho más privada y de contacto visual. Ese sutil detalle, la mirada y el gesto determinan la elección…o no. Tal vez el color de la lencería, o lo alto que sean los tacones, o un movimiento sinuoso o vete a saber que ideas discurren. El trato es el trato, pero las reglas están para romperlas de vez en cuando. Y una, que no es de piedra, tiende a la entrega más pasional, perversa e incluso prohibida.

Como aventurera estoy viviendo por unas horas ser una puta, un objeto de deseo que se alquila, tasada y contratada, usada y olvidada. Todo sucede entre cuatro paredes, en menos de una hora -casi siempre- un deseo hecho realidad, o una frugal fantasía para volver a la puta realidad. Cualquiera puede ser mi cliente: un profesor, un camarero, un informático, un fontanero… o cualquier persona que me cruzo por la calle. Que por algo me gusta caminar hasta la casa, observar a posibles compañeros de alcoba, y fantasear con mi exhibición. Con suerte podré re-encontrarme con esa mirada que, por unos minutos, decía secretamente “vas a ser mía”. Y yo¿? pues encantada de comprobar que todavía quedan hombres ejerciendo de hombres. Carpe diem