Bizarre Love

Corría el año 1986..yo era una tierna asolescente, y el título del tema era exactamente: Bizarre Love Triangle.Yo no salía de la discoteca, bajo la desesperación de mi madre, acudía de viernes a domingos. El tema de los NEW ORDER estaba de moda en la disco, y era el ritmo que nos hacía palpitar desde el interior del cuerpo hacia afuera.

Allí fue dónde conocí a Enrique, un chico algo más joven que yo, muy delgado pero con una sonrisa cautivadora. Entonces se tenía la costumbre de bailar juntos (pegaditos) cuando ponían las canciones lentas, unos 15 minutos o así..suficientes para arrimar la “cebolleta” y notar un rubor en la mejilla, seguido de un tímido morreo labial. Pero los años nos hicieron madurar, atrás quedaron los roces sobre la ropa, las erecciones ocultas y la emoción de una lengua penetrando la boca.


FOTO: Natacha Merritt

Ahora he descubierto lo mucho que me fascina el miembro masculino, recorrerlo centimetro a centímetro con mi lengua y sentirlo bien dentro de mi boca. Me excita ahogarme con un pene en la garganta, un delirio de bizarrismo. La palabra “bizarrismo”, también  evolucionada con el tiempo, referida a algo generoso, lucido y espléndido, es sinónimo de extravagancia. Cómo de extravagantes son los “tragasables”, tan aficionados a llenar sus cavidades bucales, yo busco esa penetración salvaje como la invasión del arma blanca. T. lo sabe, me usa, y posee mi boca que genera saliva sin parar…es aumento de adrenalina, de querencia, de gula, de éxtasis. Él, dominante, dirige la irrumación haciendo que su falo se empape bien de mi salivación. Yo, espectante, desencajo mi boca para alzar la vista, esperando su aprobación …el beso que une nuestros fluidos. Sin palabras