Quiero regalarte un collar

– He comprado un collar, un precioso collar de perrita
– ¿cómo es?
– solo hay una manera de que lo sepas….
– uhmmm…tengo que vestirme para la ocasión, ¿no?
– medias y tacones…quiero azotar tu precioso trasero
– tu decides, cuando me pongas el collar
– si, el día que te ponga el collar..te daré lo tuyo
– ¿me follarás?
– No…eso te va a costar trabajo conseguirlo, quiero domarte
– ¿cómo me castigaras si desobedezco?
– azotándote…ahogándote…dándote alguna bofetada…pellizcandote los pezones
– mmmm.. cuánto deseo ese collar!


Catarsis, generar adrenalina, conocerse a si mismo, vivir el dolor con la misma plenitud que el placer…cualquiera de estas finalidades son válidas para experimentar la sumisión. En nuestra sociedad, el sacrificio de uno mismo está bien visto: si te sacrificas a Dios o a los demás eres aceptado. Toda nuestra educación esta hecha en torno a ese concepto. Hay que saber, sin embargo, que “sacrificio” significa etimológicamente “hacer sagrado”. El vínculo que existe con la religión explica un poco mejor nuestra mentalidad.

Ahora bien, si te sacrificas y muestras a los demás que disfrutas de ese sacrificio, que obtienes placer, entonces te tacharán de pervertido o depravado. Si el mundo fuera perfecto no existirían perversiones, y yo estoy convencida de que este proceso es necesario en la vida diaria como una forma más para aceptar las imperfecciones humanas….que son infinitas.