Furtivamente

“Besé a mi mejor amigo una noche del mes de diciembre, para él fue su primer beso. Un beso inmaduro, en silencio y sin luces bajo el hueco de la escalera. Mis amigas lo habían medio planeado secretamente. Un beso furtivo en la oscuridad de ese rincón nunca fue tan bello, ni tan lleno de perplejidad.”



La furtividad, como forma de hacer algo “sin permiso”, lleva implícita una cierta infidelidad, y esta casi siempre va relacionada (en el 99% de los casos) al entorno de la pareja y al plano estrictamente sexual.

Para mí; la verdadera infidelidad es la que se ejerce de la cintura para arriba. Con el corazón, con la palabra, con la mente. Quizás no haya peor infidelidad que despreciar a la persona a la que se supone que amas, y la infidelidad sexual, en comparación, está sobrevalorada. Como decía Enrique IV cuando le pillaron en un renuncio: “siempre perdiz cansa”.

No me gusta el concepto fidelidad precisamente porque las palabras están vivas, y siempre van significando en función de su uso y abuso. Y yo veo que la fidelidad es algo que se ha circunscrito mucho al ambito de las parejas, y más concretamente referidas al sexo, de forma que una puede ser considerada una mujer fiel sólo por el hecho de que no se acuesta con otros hombres. Me parece un término contaminado de fruslerías.
Hay gente que por su naturaleza sabe que no podrá cumplir con la fidelidad sexual, en esos casos es bueno advertirlo antes y buscar alguna persona que te acepte o que no le de excesiva importancia a ese aspecto. Lo malo es decir una cosa y hacer otra, claro.

Yo creo que el amor también se nutre de renuncias y concesiones. El amor de mi pareja es aquel que me “permite” ser cazadora furtiva de sensaciones, el que me hace sentir una tormenta en mi interior, pone mi piel de gallina y hace asomar lágrimas a mis ojos. Porque reir y llorar me hacen saber que estoy viva y porque trás el encuentro furtivo siempre quedarán las imágenes mentales que activen el resorte de mis fantasías