Te ofrezco…mi infidelidad

Wikipedia dice que las personas que son infieles tienden a tener más fantasías sexuales que el promedio… o puede que simplemente con la amenaza de ser infiel, con la fantasía, se consiga una cierta intensidad, un llevar a la superficie el peligro, la posibilidad de la humillación, de los celos…

Yo practico la infidelidad de forma esporádica, aunque no quiero implicar a mi chico con un tercero (amigo, conocido o casual) en nuestra relación de manera habitual. Quiero que sea una idea consensuada. Creo que para mi no tendría sentido practicarla si mi chico no lo supiera, o sea, si no participara de la experiencia, si no alimentara su sumisión con la humillación, con los celos, con el miedo, y si yo me perdiera la intensidad del reencuentro. Creo que es necesario el conflicto para simplificar las cosas, pues a partir de ahí sólo existen dos salidas, o salir reforzados o morir definitivamente en el intento. Si somos dolorosa y brutalmente honestos el uno con el otro habrá suerte.

Lo bueno de esta jodienda es la cantidad de oportunidades que, sin querer, empiezan a desfilar delante de nuestra manifiesta incapacidad para verlas venir. El cornudo ha de asumir el riesgo, renegando de todo sentimiento de posesión hacia el objeto de sus oscuros deseos. Él vive su entrega como propia: se convierte en mentor, voyeur, mamporrero, siempre cómplice, se preña los sentidos con las cópulas. Que mientras la encorsetada moral social sólo ve humillación, en realidad él confirma su parecer: “La poseéis sexualmente durante un tiempo, pero ella siempre vuelve a mí… “


 

No es dominación femenina en el amplio sentido del término, puesto que mi voluntad es la de regresar al regazo de mi amado, segura de su comprensión y triunfante de saberlo turbado, tembloroso, impúdico, expuesto y vulnerable.