El método ruso

“Una vez leí que varios exploradores expertos entre un montón de objetos entre ellos la brújula, escogían el vodka por delante”

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Foto: NATACHA MERRITT

No recuerdo la fecha exacta en que nos conocimos, la verdad es que han pasado unos cuantos años. No acostumbro a hacer comentarios sobre mi círculo de amistades, pero S. es mi amigo ruso y tiene la particularidad de conocer mis debilidades al milímetro, al mismo tiempo sabe emplear sus armas letales para sorprenderme la noche más tonta del mes.

La idea, otras tantas repetida, una cenita en su piso: productos del mar y ultramar, vino-cava-licores…por no hablar del clásico vodka ruso. Después del ágape siempre tiene en mente un juego sensual, aunque esta vez fue más perverso que otras veces: “desnúdate y tumbate en la cama, boca arriba y con los brazos en cruz”. S. sabe dar unos masajes fantásticos, y ya había comenzado con los pies, eso me tenía flotando. Pero antes de nada me agarró las muñecas y con rapidez me las anudó a sendas corbatas, después lo repitió en los pies ¡estaba inmovilizada!…

Me untó de aceite, pero sin hacer masaje, como restregandome bruscamente desde el pubis hasta la cara. Sentí unos azotes, pensé que era una pala pero no logré verla, ni me percaté tampoco de las pinzas en los pezones…y su polla como el hierro en mi boca. La irrumación fue tosca y entrecortada para, seguidamente, hundir su miembro en mi coño. Con una mano, mientras, me atizaba con la pala y con la otra mano tapaba mi boca. Mi tensión era máxima y por eso me desató para exigirme que me corriera. Después de eyacular en mis tetas me tiró de la cama. Quedé exhausta y ebria.