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“Marjorie Scardino, una alta directiva del Grupo Pearson (editor, entre otros, de Financial Times y The Economist), se asombraba de que España sea el único país europeo donde la prensa de calidad publique anuncios de prostitución y obtenga de ello pingües beneficios.” [APRAMP]



Hablemos claro: no puede ser que, leas el periódico que leas, en una página te encuentres con un articulista bienpensante que arremete contra “el abuso de sexo y violencia en televisión”, y tres páginas más adelante puedas recrearte con cientos de anuncios del tipo “te recibimos vestidas de colegialas, tú nos desnudas y nosotras te hacemos un masaje a cuatro manos hasta llegar al orgasmo”.

Lubricaciones en frases bien guarras, subespecie de relatos eróticos que son como el Kamasutra pero en versión heavy, repitiendose diariamente. Otra vez la hipocresía, fruto de la moral judeo cristiana, que acepta y desprecia a las prostitutas como medio de exorcizar los fantasmas que sobrevuelan la visión pecaminosa del sexo. Ahora queda impune internet, donde los anuncios se multiplican por miles en un sólo portal. El anonimato es una las características de un portal-web más apreciadas por sus usuarios, ya que pueden ofrecer todo tipo de contactos ocultos tras una dirección de correo electrónico, lo que hace casi imposible su persecución.

Algunos portales han sabido ver el filón y cobran, por medio de sms o cargo VISA, el poder insertar publicidad de intercambio sexual. Esta técnica no garantiza tampoco la veracidad de la información exhibida, al contrario, favorece que aumenten las falsedades en lo ofertado.

En el otro lado de la balanza: el cliente-navegante. Es un tipo como cualquier otro: abogados, policías, psicoanalistas, operarios, políticos y desocupados. Casados y solteros. Son diputados y electricistas; rabinos, curas y sindicalistas. Son capacitados y discapacitados. Todo varón homo o heterosexual es un potencial cliente una vez que ha dejado de ser niño. Así, no sería demasiado exagerado afirmar que la sola condición de varón ya los instala dentro de una población con grandes posibilidades de convertirles en consumidores.

¿Interesaría una sección de anuncios de no existir los de contactos? ¿Es incompatible el rigor periodístico con la oferta lúdica? Parece que, una vez más, se lleva todo al mismo terreno, y se confunde el delito de esclavitud con un mercado sexual libre. Si bien lo primero es un síntoma de marginalidad, lo otro es fiel reflejo de un mercado muy, muy deseado…

Allá cada cuál con su búsqueda. Lo que si me gustaría ver (algún día) es cómo ponen en su sitio a los “grupos feminazis” de éste y otros países, que por más que chillen no terminarán con la libertad de elegir el modo de practicar sexo. Y CARPE DIEM!