Giro de 360 grados

La continuidad está sobrevalorada. Cuarenta años de matrimonio, doce meses en China, diez años de contable jefe, seis estudiando francés. Pero no os engañeis. Durar mucho haciendo algo no siempre es bueno. Y si no, mirad la dictadura de Franco o el Grand Prix de Ramón García.

Y eso que vivimos en un mundo en constante cambio: el mundo de Youtube, el mundo de los canales temáticos, de las videoconsolas, del cibersexo, del cambio climático, de la clonación, de la telerealidad…etc. No es seguro que estas cosas permanezcan inalterables. Lo único seguro hoy es el cambio, y en Internet más.

Obviamente, un giro es un giro, pero los 360 º sólo nos deja en el mismo lugar de partida. Y en ese punto tan delicado se corre el riesgo de repetir los mismos patrones, bajar la guardia para volver continuamente al mismo discurso personal. Acostumbrados a la inmediatez de Internet, tal vez olvidamos que la reflexión sigue siendo una parte fundamental de la comunicación. Y que las palabras son su esencia. Palabra y palabrería son cosas bien diferentes y al final, somos lo que hacemos, no lo que decimos. Lo que vas haciendo, aprendiendo y experimentando es algo que no te puede quitar nadie. De ahí el “que me quiten lo bailao”, que sin duda, te deja esa huella impresa del “déjà vu” y el “¿quién me ha robado el més de abril?”

Al final me doy cuenta de que la única manera de responderme a las grandes preguntas, y encima pretender ser feliz, es ir cambiando las respuestas. Volviendo al giro….quiero aprender a aprender, enamorarme de estar enamorada, trabajar para seguir trabajando, ilusionarme por la ilusión, rechazar el rechazo…

Y dejo los grados para el cava, esa botella que queda perfecta con sus 8º (en mi nevera)