Lulú ya no vive aquí

Bajo mi punto de vista, encontrar buena literatura erótica no es fácil. Desde el Marqués de Sade, testigo incomparable de todas las épocas, que sigue proponiendo el uso de la filosofía en el boudoir (alcoba) y que, quizá sólo como hizo Edgard Allan Poe, ha devenido en el santo de mucha estética oscura y maldita.

Corrían los años cochenta en España cuando el vicio adquirió una visión dionisiaca en la que floreció, dentro del panorama de la literatura erótica, la colección La Sonrisa Vertical. A través de un premio anual por el que suspiraba la mayor parte del estamento literario, no precisamente por su dotación sino por su prestigio, eran buscados con deseo los lomos rosados de estos codiciados libros.

Un libro, Las edades de Lulú , hizo popular a una joven autora: Almudena Grandes, que con su obra llevada a la gran pantalla originó un autentico boom del género erótico. Yo compré un par de títulos de la colección que, a día de hoy, desconozco como no hay ni rastro de ellos en mi casa. Alguién con exceso de avidez se apoderó de mis joyas…


El Premio La Sonrisa Vertical dejó de publicarse por la bajísima calidad literaria de los manuscritos presentados. Muchos atribuyen el descanso del ave fénix a la proliferación pornográfica que proporciona Internet, a la subcultura de blogs y de chats en la red, a las miles de exhibiciones impúdicas a las que cualquier mortal puede tener acceso provisto de una webcam. Lo cierto es que hoy, por ejemplo, el sexo, las peripecias sexuales -y nunca mejor dicho: ¡con pelos y señales!-, se expresa libremente por todas partes, y también, como es normal en la literatura no especializada, lo cual es un magnífico síntoma.


gal04_08

Yo puedo ser una simple aficionada al género, pero no por ello me dejo amedrentar. Lúlú se fue, pero su halo sigue fustigando suavemente mi inclinación al vicio. Y lo que te rondaré morena…