Anoche me visitó un duende

Después del resopón, vestida y con la manta encima, sentí su llamada. Días espiandome y al final se hizo presente, quería ignorarle pero mi voluntad ya estaba algo mermada. Ese lado oscuro y de bajos instintos no quería marcharse. Y así, pensando que todo está de paso, sucumbía a su pulsión. El duende de la autocomplacencia se instalaba en mi genitalidad.

Así, con ritmo lento de cremallera, para no invadir el silencio de la estancia. Mi mente en blanco camina hacia el rojo infierno. Centímetro a centímetro mi piel se eriza, mi boca ensaliva y mis pezones reaccionan. Los bordeo con mis dedos, los pellizco con suavidad y aumenta mi excitación. Los mismos dedos, cómplices de mi deseo se cuelan entre mis muslos subiendo la temperatura corporal. Ahogo los suspiros entrecortados mientras avanza el ritmo, ya está bullendo dentro de mí…y de repente llega, me estremezco y me vacío…y el latido de mi corazón inundando mi cuerpo.

Mi respiración desatada señala mi liberación, el orgasmo me ha invadido…pero ¿tú dónde estabas?