Encuentros en la efervescencia

Cualquiera diría, siendo que estamos en septiembre, pero el clima invita a dilatar el periodo de disfrute playero. En estos meses no he ido un solo día a las playas naturistas, esas plagadas de cuerpos desnudos buscando abrazar las olas ( y holas).


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Hace pocas semanas regresó David; saturado de playas brasileñas, con su sol, su agua, su viento y su “todo”. El encuentro fue de lo más cálido. Estaba añorandole por el desarraigo que decidió tener… de su tierra, de su gente, de mí..

A pesar de todo, volvió con esa inquietud de que todavía nos quedan cosas por hacer juntos. David consigue sacar del letargo mi pulsión por la busqueda aventurera ¿hay sitios nuevos para visitar? ¿gente nueva?. Tal vez..si, las playas y lugares públicos.

Indagamos en la red, buscando información, contactos, pistas…pero tuvimos que rastrear en “vivo”, en lo insondable, la experimentación en busca de esa sensación adrenalínica que da lo desconocido. Y fué cerca de la playa, un lugar deshabitado, donde encontramos a un hombre quien nos confirmó el lugar.

A falta de afluencia en las inmediaciones, sería por el día (martes), no lo pensamos más y propusimos al desconocido un “ménage à trois”, fuera de los coches y de pie. Breve, pero intensamente, nos dimos placer. No hubo más palabras, no hubo ni despedida y cada coche tomó un camino diferente para alejarse del lugar.

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Ya que hemos empezado, seguiremos con nuestra búsqueda…