Cuando tengas pelo en pecho

Leía en una web: “Soy un macho ibérico, es decir, que no soy alto, tengo tripa pancetera y por supuesto, pelo en pecho.”  Toda una declaración en tiempos en  que fotodepilaciones y cuidados corporales absorben el tiempo de los hombres que desean tener la piel libre de defectos.

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Me parece curiosa esa regresión a la piel sin imperfecciones, como si desearan quitar la culpa del paso de los años, del paso de la adolescencia a la madurez. Estrecha es la relación del cambio físico, con el cambio de “estado”: de la inocencia a la culpabilidad.  Es cuando los genitales se engrandecen, cuando aparece vello en zonas que antes eran púberes, inocentes, y cuando la capacidad reproductiva asoma por alguna esquina de nuestra ropa interior.

La partida sin retorno del Paraíso, de cuando mordemos la manzana de nuestro conocimiento de seres sexuados, y somos fulminantemente expulsados de la inocencia, de la falta de culpa, sólo porque decimos que el sexo es lo que los adultos hacemos con los genitales. Soy de la creencia de que para el sexo sólo hay que nacer y no pensar en esa estupidez de la pérdida de inocencia, preámbulo para la culpabilidad. Detesto la grandeza que se le da a la virginidad: un rito iniciatico, así nos lo hacen creer, en el que todo se pierde ( la inocencia, la virginidad, el himen…) y nada se gana.

Al menos que nos quede el vello del hombre crecido, una evolución lógica, una ganancia para el disfrute..que el sexo no es sólo la práctica del sexo, también es pasión por los demás, el sentir, la mujer con curvas y los hombres de pelo en pecho.